Desde el curry hasta la indemnización por despido: Mi experiencia como profe de ESL
“La Universidad de Princeton tiene un compromiso de larga data con el servicio, reflejado en el lema informal de Princeton —Princeton al servicio de la nación y al servicio de la humanidad— y ejemplificado por las extraordinarias contribuciones que los miembros de la comunidad de Princeton hacen a la sociedad.”
— Christopher L. Eisgruber
Si tuviera que explicar mi experiencia de voluntariado en el centro en dos palabras, diría que fue decepcionante y desorganizada. Aunque hay muchos matices y niveles en mi experiencia, voy a enfocarme en el problema que considero central para resolver los demás: los libros de texto. Sin embargo, antes de eso, voy a dar un poco de contexto sobre mi trayectoria previa y mis expectativas.
El semestre pasado enseñé inglés con Resistencia en Acción en la iglesia Nassau Presbyterian. No tuvimos talleres ni instrucciones exactas sobre cómo enseñar las clases, pero nos daban presentaciones cada semana para usar como referencia y teníamos una televisión para proyectarlas. Fuera de eso, nosotros creamos las hojas de ejercicios, las lecciones de gramática, etc. Encontramos que las presentaciones eran demasiado fáciles, así que siempre creábamos lecciones diferentes y creativas. Por ejemplo, nuestro examen parcial fue una entrevista de trabajo para Starbucks, con lecturas sobre cómo preparar bebidas, formularios de seguro, etc. Y aunque esta experiencia fue divertida, hubo dos problemas: uno, que no sabía cómo enseñar la gramática o, mejor dicho, no sabía en qué orden debía enseñarla (¿el pasado simple antes del presente? ¿preposiciones?). Eran aspectos de la gramática que simplemente no dominaba. La otra cuestión es que Resistencia decidió eliminar mi día de enseñanza para el semestre de primavera.
Así que llegué al Centro con expectativas altas, porque ya me encantaba enseñar inglés y teníamos libros de texto que pensé que resolverían mis dudas sobre cómo enseñar la gramática y el orden pedagógico. Sin embargo, el primer día fue un desastre. No solo llegamos tarde, sino que llegamos al caos: estudiantes perdidos, cuatro niveles de libros y solo tres niveles de clase. Me di cuenta rápidamente de que esto no sería la solución perfecta que imaginé.
onfidence and Connections, nuestro libro de texto, tiene cuatro niveles (técnicamente seis, pero solo tenemos cuatro): lo básico, o como decimos, el libro amarillo; nivel 1 —azul—, nivel 2 —verde— y nivel 3 —naranja—. Llegamos el miércoles, el segundo día de clases (pero nuestro primer día como profesoras), y lxs estudiantes de nivel básico tenían el libro amarillo, pero lxs del intermedio ya tenían el libro verde (nivel 2, pero técnicamente el tercer libro). Para añadir más caos, hay dos tipos de libros para cada color; por ejemplo, hay un 2R y un 2L (left y right). Son del mismo nivel, pero los ejercicios son completamente diferentes, por lo que lxs estudiantes no pueden seguir la misma lección. El primer día tuvimos estudiantes con libros de todos los colores por todas partes del edificio: avanzados en el sótano (donde están los principiantes), básicos en el nivel intermedio, etc. Por lo tanto, nuestra primera clase fue de pura organización. Pero, debido a la falta de comunicación entre lxs líderes, el día siguiente y el posterior volvieron a tener estos mismos problemas con los libros y las clases.
Esta desorganización continuó cada semana; llegábamos los miércoles y no sabíamos qué había pasado en las clases anteriores, por lo que fue casi imposible planear lecciones (algo en lo que nuestra clase de español ha enfatizado mucho) y crear clases innovadoras. Empecé a colaborar con otrxs estudiantes de nuestra clase de español para adivinar en qué lección del libro estaban, pero siempre escuchaba historias de estudiantes a los que les estaban enseñando lo mismo que yo ya había dado, o adivinábamos mal y teníamos que improvisar una lección en el momento. Por eso, tomé un libro de texto del Centro y empecé a crear mis propios planes de clase (puedes acceder a algunos de ellos aquí).
Desde mi segunda clase, empecé a diseñar ejercicios para corregir los problemas del libro. Por ejemplo, creé una hoja con una tabla para que lxs estudiantes tuvieran una referencia del vocabulario en español e inglés, algo que el libro no incluye. También, el libro presentaba palabras nuevas a través de la lección que no estaban en la lista de vocabulario, así que la tabla proveía un espacio para estas palabras. Además, en mis planes creé ejercicios de gramática con espacio para tomar notas, porque el libro combinaba muchos conceptos a la vez. Usábamos los ejercicios del libro, pero solo después de haber repasado mis materiales.
Más allá de la falta de comunicación, el libro era simplemente terrible. Es verdad que no soy experta en pedagogía, pero he estudiado español por muchos años y he trabajado en una empresa escribiendo libros de texto, y este es el peor que he visto en mi vida. Los ejercicios, la organización y el vocabulario no tienen sentido. Por ejemplo, hay una lección llamada I Always Shop Online sobre comprar productos en línea y hacer devoluciones, pero ninguno de mis estudiantes ha hecho una devolución en su vida ni compra mucho por internet. Cuando pienso en inmigrantes en un país nuevo, pienso en aprender vocabulario útil. No se necesita saber inglés para comprar en Amazon; el móvil ya está en español.
Otros ejemplos de problemas incluyen el capítulo sobre comida, que solo tiene 12 palabras de vocabulario y ninguna útil. Una de ellas era curry, que tuve que explicar por casi quince minutos porque no sabían qué era. Sería más útil aprender vegetales, frutas o ingredientes relevantes del supermercado. Después de una lección que planeé sobre partes de la casa —que los estudiantes ya habían hecho antes de que nosotros llegáramos— decidí que no quería usar más ese libro.
Esto fue un momento crucial, porque las clases no solo mejoraron en utilidad, sino que yo empecé a disfrutar más la experiencia. La primera semana de mi experimento hicimos una unidad sobre seguros. Hablamos sobre cómo hacer una reclamación, la diferencia entre prima (premium) y franquicia (deductible), etc. No solo fue divertido para mí (¡yo misma aprendí qué era la prima!), sino que trabajamos juntos para entender este sistema en los Estados Unidos. Era algo esencial, pues descubrí que todxs mis estudiantes habían tenido accidentes automovilísticos con resultados muy diferentes: uno recibió $150.000 y otra, nada. Sí, la clase fue más difícil que seguir el libro, pero valió la pena y sentí que estaba ayudando a la comunidad. La semana siguiente hicimos lo que llamé The Workplace, donde discutimos el salario mínimo y la diferencia entre wage y salary. Imprimí carteles del Departamento de Trabajo sobre OSHA y la Ley de Licencia Médica y Familiar (FMLA). También discutimos la indemnización por despido (severance pay), que mis estudiantes no sabían que existía en EE. UU., pero sí en sus países.
Para concluir, es necesario confrontar la retórica institucional con la realidad del aula. El presidente Eisgruber afirma que Princeton tiene un compromiso inquebrantable de servicio a la comunidad; sin embargo, mientras existan clases donde el tema central sea cómo comprar “curry” en lugar de cómo exigir una indemnización por despido, ese servicio seguirá siendo insuficiente y desconectado de la realidad.
Resulta una ironía dolorosa que en esta universidad diseñemos plataformas lingüísticas de vanguardia, pero que, al cruzar la puerta del Centro, nos conformemos con un sistema de libros “verdes” y “amarillos” que solo generan caos y confusión. No podemos decir con honestidad que estamos al “servicio de la humanidad” si reservamos nuestra excelencia para la élite y entregamos mediocridad a la comunidad inmigrante. El servicio no debe ser un experimento donde estudiantes de SPA 304 probamos teorías de translanguaging; debe ser un intercambio de dignidad y herramientas de supervivencia.
Creo que necesitamos una reforma no solo estructural de este programa de servicio, sino también de nuestros materiales de enseñanza:
- Contenidos con impacto: Debemos sustituir las lecciones de “compras online” por currículos que enseñen a navegar el sistema de seguros, los derechos laborales y la vida en los Estados Unidos. También debemos preguntar a lxs estudiantes sobre lo que quieren aprender.
- Gramática en el material: Los materiales deben contener explicaciones claras a las que lxs estudiantes puedan referirse cuando quieran. La gramática debe seguir una progresión lógica y tener ejercicios que no mezclen diez elementos gramaticales a la vez.
Esta experiencia me ha demostrado que la verdadera excelencia de esta universidad no se mide por los recursos que acumulamos, sino por la calidad de los recursos que compartimos. Si queremos ayudar de verdad, el primer paso es tirar a la basura el libro terrible y empezar a escuchar lo que la comunidad realmente necesita aprender.
